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El muro de sonido de Gautama del Campo Juan Vergillos

Actualizado: 28 de dic de 2020


El último fandango en París es sin duda una alusión a Gato Barbieri, el autor de la banda sonora de la mítica cinta de Bertolucci. Estoy seguro de que Gautama del Campo se identifica con la intensidad visceral del saxofonista argentino. De ahí el título de la obra, pese a que Barbieri tuviera mucho de salvaje y nada de moderado.

Pero el caso es que cuando sonaron los acordes de esta pieza, el escenario se convirtió en un espacio sagrado. La intensa melancolía del tema, sostenido en un fabuloso arpegio de Pedro María Peña, coautor del mismo, era un contrapunto excelente de la energía desbordante que hasta ese momento había sido el concierto. Estábamos en la cúspide, seguíamos en el clímax, una y otra vez. Del Campo trabaja en la melodía flamenca tradicional con arreglos sencillos pero su fraseo es denso, contundente. Un muro de sonido. Y, de repente, caímos en la nostalgia, en el recuerdo de lo que fuimos y de lo que quisimos ser. El concierto nos brindó una estampa inédita: el toque de Riqueni acompañando al cante de Juan José Amador. Dos genios del flamenco contemporáneo. La serie de tarantas fue demoledora y la soleá trianera posterior, maravillosa. Del Campo es un músico intenso, siempre en la cumbre, y los enormes colaboradores que eligió para presentar su disco de debut bajaron su música al valle, la hicieron cercana, familiar, menos brillante, tal vez, pero más plena, radiante, trasparente.

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